La Franz Schubert Filharmonia vivió ayer una noche de gran intensidad musical bajo la dirección de Robert Trevino y con la presencia excepcional de la violinista Midori. El programa, culminado con la Quinta Sinfonía de Chaikovski, permitió descubrir a un Trevino de enorme fuerza expresiva, capaz de combinar tensión dramática, refinamiento sonoro y una construcción orquestal absolutamente orgánica.
En la primera parte, Midori ofreció una interpretación cautivadora del Concierto para violín de Mendelssohn. Con un sonido elegante, luminoso y profundamente expresivo, la violinista desplegó un fraseo de una naturalidad extraordinaria, especialmente emotivo en el Andante y brillante en un Finale lleno de agilidad y precisión. La compenetración con la orquesta fue constante, en una lectura marcada por la sensibilidad y el equilibrio musical.
En la segunda parte, Trevino dirigió la Quinta de Chaikovski con una energía vibrante y una gran claridad estructural. El director norteamericano evitó cualquier exceso retórico y construyó una interpretación intensa, conmovedora y profundamente coherente. Los grandes clímax sinfónicos emergieron con fuerza y amplitud sonora junto a una Franz Schubert Filharmonia que mostró un sonido cálido y compacto.
Para la Franz Schubert Filharmonia ha sido una enorme felicidad volver a compartir escenario con Midori, así como una experiencia profundamente enriquecedora compartir trabajo con el gran maestro Robert Trevino. Una noche para el recuerdo que terminó con todo el Palau en pie.
Midori nos ofreció el siguiente bis:
J. S. Bach: Largo de la Sonata para violín nº 3, BWV 1005

















