En 1883, Antonín Dvořák pasó unos días con Brahms en Viena. A petición de Dvořák, Brahms tocó el primer y último movimiento a piano de la suya -aún sin estrenar- Tercera Sinfonía. De ese encuentro, Dvořák escribió: 'Digo sin exagerar que esta obra supera sus dos primeras sinfonías, [...] ¡Qué magníficas melodías hay para el descubrimiento!'
Además de las bellas melodías que Dvořák señaló, la Tercera Sinfonía también contiene colores orquestales vibrantes, una flexibilidad rítmica nunca vista y un mensaje musical escondido. Uno de los motivos principales de la sinfonía, se basa en la transposición musical de las iniciales de una frase que Brahms repetía a menudo: 'Frei aber froh' (Libre pero feliz), FAF, es decir: Fa-La-Fa. El motivo F-A-F (aunque la segunda nota es La bemol) se escucha inmediatamente en la exclamación de los vientos que inicia la sinfonía y abre la puerta a una de las mayores páginas sinfónicas de la historia.

Johannes Brahms. Recreación del artista Haidi Karimi