Estos días hemos vivido unas veladas que nos recuerdan por qué la música en directo es un privilegio. Fue un gran honor poder compartir el debut de Yulianna Avdeeva con la Franz Schubert Filharmonia, en unos conciertos que unieron emoción, color y una complicidad palpable entre escenario y público.
Avdeeva ofreció un Chopin lleno de densidad poética, con un sonido que combinaba firmeza y fragilidad. Una interpretación profunda y honesta, alejada de cualquier gesto superfluo. Siempre en un diálogo atento y orgánico con el maestro Grau y la orquesta. Desde la Franz Schubert Filharmonia, queda el deseo sincero de volver a compartir escenario con Yulianna Avdeeva muy pronto.
En la segunda parte, el maestro Tomàs Grau abordó Daphnis et Chloé de Ravel con una mirada casi pictórica, revelando una paleta infinita de colores, texturas y luces. Cada transición de la obra de Ravel parecía respirar, construyendo una atmósfera envolvente y llena de matices. El Bolero cerró la noche con una celebración inevitable: un ritmo obstinado, creciente, que acabó uniéndonos en una misma pulsación de alegría compartida.
Gracias por estar ahí y por hacer posible que la música sinfónica siga siendo fuente de felicidad.
Yulianna Avdeeva ofreció el siguiente bis:
Chopin: Preludio en re bemol mayor, op. 28, núm. 15












Fotos por Martí E. Berenguer