Rajmáninov compuso su Tercer Concierto para Piano para su gira por Estados Unidos en 1909. Durante la gira, Gustav Mahler dirigió el concierto con la Filarmónica de Nueva York con el mismo Rajmáninov como solista. Mahler dejó una profunda admiración en el compositor debido al meticuloso trabajo durante los ensayos.
El Tercer Concierto para Piano es conocido por su dificultad técnica. Josef Hofmann, a quien estaba dedicado, lo consideraba demasiado difícil. Las críticas después del estreno fueron dispares: los músicos lo apreciaban, pero el público y la crítica lo encontraron demasiado exigente emocionalmente. No fue hasta pasado 1920, con el pianista Vladimir Horowitz, que el concierto se convirtió en lo que es ahora: uno de los conciertos más queridos del repertorio.
El concierto comienza de manera etérea, con una melodía sencilla casi inquietante. Una teoría propuso que esa melodía inicial para piano estaba basada en un canto litúrgico, pero Rajmáninov lo negó afirmando que la melodía «simplemente se escribió sola».